Nothing last permanent

Al parece no solo los seres humanos, animales o plantas mueren. 

No hay más certero que estas palabras nada es permanente en esta vida. 

Nada es permanente… ni los días, ni los sentimientos, ni los momentos, ni las risas, ni las lagrimas, ni las fotografías, ni las cosas, ni la memoria … 

Todo esta destinado a perecer y desaparecer sin dejar rastro en esto mundo. 

Es increíble el miedo que se siente por la muerte cuando durante toda nuestra vida estamos rodeado de ella, nos persigue sin cesar, sin darnos respiro alguno en cualquier aspecto de la vida. 

Se murió la relación de pareja, se murió el sentimiento por mi amigo, se murieron los momentos vividos, se mueren las risas y las lagrimas una vez han salido del cuerpo, se mueren las fotografías, se mueren aquellas cosas que más se aprecia y la memoria también tiende a morir, muero en pequeños pedazos dejando en el olvido espacios, olores, sabores, sensaciones y experiencias que una vez fueron “the tiping point” de la vida. 

Al morir cada una de estas “cosas” de la vida, el corazón va muriendo, pierde pedazos de su ser, que si el tiempo lo ayuda a curar pero al final mueren tanto pedazos dentro de el que no le quedan más fuerzas para continuar su curso que termina por morirse por completo. 

Son estos pedazos perdidos del corazón que van conduciendo al ser humano a perder su esencia de la vida, a perder sus ganas por luchar, por encontrar su propósito y continuar por la vida latiendo. 

 

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